CAPRICHOS DE UN FEROZ E INCOMPASIVO DESTINO
Caminado sin zapatos sobre la hierba fresca, Bárbara sentía que el paraíso se extendía debajo de sus pies, podía correr sin que nada pudiera detenerla, el mundo del campo era totalmente suyo. Regresaba a su sencilla casa antes del medio día para ayudar a su madre y a su hermana a preparar el almuerzo que luego disfrutarían con su padre. Así transcurrían aquellos hermosos días de verano, simplemente, en las mañanas correr detrás de una mariposa o tratar de alcanzar un ave silvestre que se encontraba en el camino, hasta llegar al río donde sumergía sus infantiles pies, refrescando sus recuerdos, de lo sucedido algunas semanas atrás, cuando había dejado la escuela y a sus amigas. Esta vez sería por largo tiempo, algunas cosas comenzaron a cambiar en medio de una incertidumbre juvenil y, simultáneamente, su belleza pastoril iba floreciendo en su rostro, en su cuerpo. Aquella tarde después de almorzar, su madre se sintió cansada y le pidió ayuda para poder recostarse a su cama...

